miércoles, 27 de septiembre de 2017

Hoy.

Hoy, 27 de septiembre, un día cualquiera, de un año que no veo necesario mencionar he vuelto a ponerme mis vaqueros favoritos, apretados con un cinturón a la cintura, y me he vuelto a sentir yo.
Yo, el ser que tanto he echado de menos; y aunque sé que seguramente, sólo me haya hecho una visita momentánea, me ha hecho sentir bien, me ha recargado las pilas, o quizás me ha cambiado unas cuantas de las que tenía gastadas, aunque tenga otras que estén a punto de hacerlo, con la energía de las nuevas, tendré para no quejarme un tiempo, o eso espero.

Quizás el día de hoy sólo debería ser recordado en mi libreta negra (sí, la que está en el tercer cajón de mi mesita de noche), pero siento que necesito que mi entorno me vea cantar palabras alegres un rato.

Me he despertado, lo suficiente tarde como para saber que ya había salido el sol, y lo suficiente pronto como para ponerse una chaqueta y sentir el frío en estos días calurosos de otoño. He desayunado, café, más negro que una noche de estrellas, pero con espuma, y sin azúcar, como siempre. He salido a ver el mundo, he dejado parte de mí para alguien que pueda necesitarla por medio de una donación de sangre. Me he ido a casa, y he comido verduras, con pimienta, con mucha pimienta. Hoy no he hecho deporte, por evitar hacer fuerza con el brazo que ha permitido que mi sangre le dijese hola al exterior. He hecho el vago, he ido a andar, me he duchado; y ahora estoy aquí, contándole al oxígeno un día de mi vida.

Sé que va a durar poco lo de estar con este buen rollo interior, pero no puedo permitir que se vaya corriendo y solo hacia otro destino. Hoy quiero luchar, por ser, por querer, y por gritar cuando lo necesite; pero sobre todo, hoy quiero luchar por mí, y espero hacerlo.


Si has llegado hasta aquí, pequeño duende lector, saltamontes o ser nocturno sin sueño, que sepas que te lo agradezco, porque abrir las alas sienta mejor cuando ves que hay más pájaros, y de muchos colores distintos, presenciando tu aventura.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Muse of the mirror.

Musa, de la mitología griega a tu cama; de que la pinten, a pintarse; de cubrirse, a desnudarse; de tumbarse, a salir corriendo; de odiarse, a acariciarse en el espejo.

Musa, que trabaja por y para ella misma, que lucha para lograr sus objetivos, que se pinta con un eyeliner el poder en la mente y en las manos.

Musa, que ama sus curvas, sus cicatrices, e incluso los complejos del siglo pasado, que es bonita sin querer, y queriendo, demasiado.

Musa, que se hace autorretratos de palabras, que se tatúa con aire en la piel la fuerza, que no necesita pilas, que se da cuerda por la llave de su espalda.

Musa, que baila de lujo después de un par de cubatas, que ríe, llora, pero nunca se cansa.

Musa, solitaria, que no necesita cuerpos para ser ella, porque sola es mejor, que se quiere a ella misma, por encima de todo y todos; que ya no la pisan, porque está muy alto.

Musa, que debería serlo los 365 días del año, y que ojalá viva con(tigo-migo) de diario, o por lo menos de vez en cuando.


* Que nadie te quite tu valor propio, que seas libre e independiente, y que te quieras a muerte y siempre.

* Qué razón tenía breis. cuando hablaba de musas propias...
Gracias por hacerme ver de lejos que el amor propio existe, porque nunca antes había sentido algo tan bueno y sano dentro de mí.

viernes, 11 de agosto de 2017

Within the barking of the lost dog.

En honor al invierno, aquí estamos, infusión en mano, e intentando escribir ovillos de lana mentales.

No quiero que mis manos sean un juego, ni un pasatiempo; no quiero que sean usadas sin motivo, ni que les busquen cosquillas muertas. No pretendo que me acaricien a modo de lástima y consuelo, ni que me abracen para calentarse, porque soy puro hielo.
No quiero ser un libro para calmar el aburrimiento, ni un puzzle infantil que haces una tarde de domingo después de una comida familiar.
No quiero ser la peor película del mundo, la estrella con menos luz o la vela que no prende fuego.
No quiero que nadie se pierda por mi culpa, porque como me sigan van al pozo de cabeza.
No quiero que me escuchen a modo de caracola de playa, porque no soy tan interesante, ni ha pasado tanta arena, agua y sal sobre mí.
No quiero que me encuentren sola en la oscuridad, porque es mi secreto, ni que me encuentren escondida entre arbustos porque tengo miedo.
No quiero mostrar mis debilidades, inseguridades y complejos, porque a mi fachada de fuerte se le hundirían los cimientos en un momento.

Sigo siendo el perro abandonado al que puedes contarle tu vida, porque ten por seguro que te voy a escuchar, pero no me tengas miedo, porque aunque ladro y aúllo...
nunca,
muerdo.

viernes, 4 de agosto de 2017

Breaking fight and wings.

Hoy, te despiertas y todo ha cambiado, aunque simplemente hayan quitado un tornillo dentro de tu mecanismo; quizás no le iba bien al resto de piezas.
Hoy, vuelvo a pensar lo mismo que llevo pensando desde los últimos 3 años; otra vez más, ya me parece hasta lo normal.
Hoy, vuelvo a darme cuenta de que tengo miedo de que alguien descubra mis temores y se vaya, porque antes de que se vaya, yo ya estaba corriendo, desde que se produjo la primera palabra en la conversación, porque huir es lo mío.
Hoy, vuelvo a ser una cobarde y a cederle la valentía a otro que no sea yo, porque no me gusta la burbuja en la que vivo, pero es mi burbuja; me conozco el color de sus paredes aunque las pinte, qué pata de la mesa cojea y qué cuadro esconde en su parte trasera una araña.
Hoy, vuelvo a dejar de seguir el camino de ser yo, pero no me he perdido, me he desviado aposta porque yo no me veo llegando a la meta nunca.
Hoy, vuelvo a perder un folio de colores que se ha llevado el aire que yo misma he soplado.
Hoy, vuelvo a caer, porque me tropiezo siempre conmigo como piedra.

sábado, 22 de julio de 2017

Moonlight shadow.

Me pregunto si la luna escuchará las canciones tristes de la lista de música de Sad Songs a las 4 de la mañana, si creerá que alguna vez se van a cumplir los deseos que pide al ver caer una estrella fugaz, si le da vueltas al hecho de la posibilidad de encontrar algún día un satélite a su medida, o si quiere encontrar un reflejo distinto al mirarse en el agua.

Me gustaría saber si se siente mujer o niña cuando se da la libertad de decirle a un árbol del campo 'a que no me pillas', mientras corre descalza, riendo y sin temores a pincharse un pie con un arbusto, si considera a las rosas como seres compañeros con mensajes subliminales u objetos que acabarán secos en un jarrón de cristal; si se tumba en el césped mientras sueña con jugar a las cartas y al amor y acaba mojada y llena de tierra.

También me planteo si usará vestidos para disimular sus muslos, o se apretará la cintura con un cinturón para sentirse saturno, pero al contrario; si sentirá que da luz o si sentirá la causante de la absoluta oscuridad.

A veces quiero ser esta luna, otras simplemente confirmo lo que soy.

jueves, 13 de julio de 2017

La vida de un náufrago.

Cuando te despiertes, será un nuevo día; pero hoy, disfruta de este.

La vida te da palos, para hacerte daño y para que aprendas a defenderte de ti mismo.

Y cuando te golpea y sientes el suelo al impactar contra el lado izquierdo de tu cara, es el momento de abrazarte, sufrir sin pensar hasta caer rendido en los brazos del vacío y la soledad; pero viene la tristeza, tan inoportuna como siempre, a abrir la ventana y a apartar las cortinas de la luz externa, de tal modo que sientes un fogonazo, sin encender el fuego ni abrir el gas, y no eres consciente de si eres la sartén o el aceite, pero te despiertas, y te das cuenta de que lo que tienes en las manos son restos de maqueta de un ser humano.

Y te aferras a la vida, aunque sientas que hasta el más pequeño de los huesos de tu cuerpo está partido en dos; respiras, sin notar los pulmones, y aunque cueste la vida, de manera literal y sin necesidad de maneras, inhalas el aire sucio que te rodea, como si fuese el último tren que va a pasar por una estación perdida en medio de la nada, antes de que una bomba la haga estallar.

Y ahí estás, definiendo los impulsos, los buenos días después de una noche de pesadillas, y los resbalones del agua que vertiste el otro día cuando ibas a beber.


Esta entrada pretende ser más positiva que las anteriores, porque al escribirla estaba contenta y tenía ganas de bailar, y tenía que expresarlo haciendo mirar a las palabras con los puntos y comas y una canción de Pereza de fondo.

sábado, 8 de julio de 2017

Como el cuarto álbum de Amaral.

Llega un punto en la vida en el que te da miedo volar, y no precisamente por darte golpes, sino por evitarlos, y ahí es donde descubres que eso no es vivir, y que por o tanto igualmente estás perdiendo la partida de cartas donde el premio gordo es un poquito de suerte.

Te estancas, y mientras te quedas en el pie de un arbusto, esperando a que los aspersores te despierten a las 7:30 de la mañana, han pasado 3 días; 3 niños te persiguen a la salida del colegio, y ya van 5 días; empieza a llover, 7 días, una semana, media monotonía.

Te quedas petrificado en el mismo sitio, helado por tus propios miedos en pleno julio; con la mirada perdida en busca de que alguien llegue, te moleste, te diga que estés embobado y se vaya por el mismo camino.

Quieres estar solo, y a la vez, quieres que vengan grupos reducidos de pájaros con películas bajo las alas para pasar la tarde abrazándote; y sigues soñando, sigues viviendo en tu mundo personal paralelo y ajeno al del resto, porque no quieres ser igual a ellos, pero tampoco ser menos, y lo único que consigues es ser invisible.

Y duele, mirarse al espejo y que lo que menos te espante sea el desorden de tu pelo; sentarse sin sentir y comerse la cabeza en lugar de un plato de lentejas, porque las legumbres no son para mí, pero la autotortura me alimenta que da gusto.

Y sí, claro que quiero despertar de mi ensimismamiento, pero no, no es tan fácil; no puedo.


Siento volver a Blogger después de unos meses para escribir marrón (ya no es negro), pero necesitaba volver a contar con la combinación de los pájaros, mi mente y las palabras.

domingo, 7 de mayo de 2017

The calcium's freedom.

Llega un punto en el que te das cuenta de que la vida no anda, ni avanza, ni cambia, sólo sigue...
Y es en ese punto en el que tienes que seguir tú, pero se te pasan tantas ideas por la cabeza con tal de estancarte, dejar de pensar; mente, dame 5 minutos más para pensar en cómo salir de aquí.

Piensas en pájaros, y ves libertad donde ellos ven su día a día, pero jamás son libres; y jugamos a imitarlos y nos convertimos en cuervos negros, popularmente conocidos como mensajeros de malas noticias, y aun siendo ya un pájaro, volamos detrás de la libertad, y siempre acabamos chocándonos con esa ventana del séptimo piso que da vértigo limpiar... Y después qué, ¿me caigo o me quedo apoyado?
La opción de pedir ayuda a los ocupantes de la vivienda nunca es la opción, pero en un mundo paralelo, los pájaros alquila casas y trabajan en la personería de Mercadona; y aun así siempre seguiremos queriendo ser pájaros.



* No sé qué ha pasado, he pegado un frenazo y a la vez he acelerado hacia otra dirección.
Siento que esta entrada no se entienda, simplemente últimamente escribir y yo no somos tan compañeros de noche como antes porque mis cuadernos están mirando pájaros mientras yo tengo la cabeza agachada en dirección al suelo.
No sé qué me pasa, pero confío en que se me pasará.
Gracias por leerme.

martes, 11 de abril de 2017

El día que no pueda más.

No sé cómo decirte que había echado tanto de menos tener ilusión, que mi cabeza se ha echo un cuento y las perdices se lo han comido.
Tengo una mente, con partes tan blancas y borradas, que le das un simple lápiz y te pintan cien colores.
Otras veces tengo estuches amontonados llenos de lapiceros y solamente consigo pintar en blanco.

Y tú, llegas, de color magenta, a mi vida, escribes el título de mi disco favorito, haces la maleta y te tiras por la ventana, y dime, qué hago yo con mi vida de ilusa.
Qué hago con mis ilusiones, y qué hago haciendo como que te culpo de ser la nube que tapa el sol, si en verdad me diste el rayo de luz que me faltaba para que mi organismo tuviese vitamina D.

No sé si pretendo escribir en blanco y negro, en pintar tres arco-iris o tragarme a mí misma sin escupirme.

Me gustaría ver con tus ojos tres segundos de mi tiempo, del lento, y ver si me ves como una orquídea o como una abeja que a veces produce miel.

No quiero más llantos sobre lluvias de estrellas, ni bailes de nubes blancas en días grises; ni mucho menos que me despierte el sol entrando por las rendijas de la ventana si existes tú.

Con lo fácil que es entender una canción de Extremoduro, y lo difícil que es explicártela a ti, pero es que 'se te nota en la voz, por dentro eres de colores', y quiero ver contigo el naranja del anochecer, y sentarme en nuevos lugares para descubrir, incluso quiero aprender (de ti).

No sé qué hago hablándole hoy a la luna, que por cierto, está tan preciosa como llena, sobre ti; que fuiste una estrella fugaz y a saber dónde te hayas caído.

(Sí, me he emocionado al hablar 1 hora con una persona con la que no volveré a hablar en la vida, y necesitaba soltar algo distinto y salir del pozo, aunque en un rato vuelva a tirarme a él.)

domingo, 19 de marzo de 2017

Sometimes in the middle of nowhere.

Hola, siento que esta entrada no procede, pero necesito soltarlo, por aquí, ya que en mi cuaderno físico no es suficiente.
Esto es algo muy personal para mí, pero no por ello quiero que intentéis animarme como tal, ya que soy una persona que tiene el poder de automotivarse sin necesidad de manos ajenas, pero me tengo que encender la luz, y a veces se me funde la bombilla un sábado a las 13:45 de la tarde y la única tienda dentro de mí misma donde venden bombillas, no abren como mínimo hasta el lunes... eso sin tener en cuenta que cierren por vacaciones o por reformas; iré al lío.

Hace tiempo, me sentía horrible con mi cuerpo, y conmigo misma. Tenía una concepción de las personas (dicha concepción ha cambiado al 94%), y esa concepción me hacía daño.
Antes de nada voy a explicar cómo me veía y cómo me sentía. Nunca he sido una chica delgada, ni rellenita, y aunque sea alta, no lo soy en exceso, y pensaba que físicamente nunca le iba a poder llamar la atención a nadie, ni le iba a poder gustar... En definitiva, que no me iba a querer si en lo primero en lo que se tuviese que fijar fuese el físico. En ese momento, llegó alguien que me iluminó, y aunque yo siguiese con el mismo pensamiento, llegó un punto en el comprendí que esa persona me aceptaba tal cual yo era, y aunque me diese cuenta muy tarde, el simple hecho de darme cuenta me hizo cambiar de opinión y pensamientos.
Pasé de ser la chica que se escondía si iba en leggins, la que metía la tripa al cruzarse con alguna persona, la que usaba maquillaje para taparse las cicatrices del acné, la que usaba pantalones cortos (pero tenían que ser anchos), la que no usaba ropa ajustada ni escotes, la que no se ponía cuñas... comparada con la chica a la que conocí después de un tiempo, esa era una antigua compañera de viaje que ahora desconocía. Aprendí a volar, sabiendo que me caería, y me levantaba riendo con tal de seguir.

De hecho creo que el verano 2016 fue el mejor de mi mente, y a la vez fue el peor; ponía dos ladrillos, y se partía uno, y así... pero al final hicimos una caseta muy interesante. Y me quería, y creo que no he sentido nunca nada mejor, porque cuando lo tienes dices que puedes con todo, te lo crees y vas a por ello.

Pues bien, llevo unas semanas en las que estoy retrocediendo... hay ladrillos que no se mueven porque están tan unidos a otros formando una de las paredes, que si se moviesen se caería la caseta entera (y espero que eso no pase nunca), también hay ladrillos en constante movimiento, porque ya se sabe que los terremotos pueden dejar secuelas en forma de grietas, pero se pueden solucionar; sin embargo, hay ladrillos en medio de la pared, que se han partido, y que se están cayendo a trozos, y esos son los que me preocupan, porque me impiden moverme a otras paredes, siempre tengo que estar pendiente de ellos, y no quiero. Y en ocasiones no me sale ser albañil de mis propios cimientos, y me vengo tan abajo que me entierro.


No sé si esta entrada es para automotivarme, para desahogarme, o para decirme que si he dormido en un pueblo frío, oscuro y sin habitantes, también dormiré (algún día) en una playa, caliente y llena de vida.
No es una entrada triste, no estoy mal; simplemente necesito empujarme.

domingo, 19 de febrero de 2017

Carta a un desconocido.

Querido desconocido:

Me dirigiré a ti como una anónima, como si estuviese escondida detrás de un árbol, llena de una sustancia neutral en mi cuerpo entre miedo y vergüenza, que me ha chupado toda la sangre.

Te veo todos los días que vengo a este bosque a leer cantos de pájaro y a mirar cómo se mueven las nubes, pero en especial, últimamente, vengo a estudiarte.

Utilizo la observación como la respiración, y mi fuente vital son movimientos, como los tuyos.
Miro el ritmo de tu pestañeo, cómo se acelera cuando tu mente cambia de conversación e imagen; cómo andas, cómo lees y como escribes. Incluso las manías que tenemos en común y tú no sabes, ni nunca lo sabrás, porque el día que intentes interponerte en mis estudios, saldré corriendo, silbando a cualquier pájaro con tal de que me indique un camino. No me mires, lo siento, soy así.

Qué hago hablándote, si voy a quemar esta carta con el primer fuego que me encuentre.                     Pero... quiero escucharte leerla; ojalá graparme aquí.

Tranquilo, que jamás me voy a obsesionar contigo, ni te voy a cortar las alas, ni mucho menos voy a hacer que cambies de abrigo.

Tampoco te quiero, pero confieso que no sé lo que me pasa contigo, si no tenemos posibilidades...     Y deseo todas las noches que me abraces, sin ilusiones; lo deseo, lo pienso, me duermo, y punto.

Qué haces en mí, si hasta hace dos meses juraba no haber visto tu sombra en mi vida.                           Por qué tu simple presencia me calma, si ni siquiera abres la boca.

Qué me pasa, qué me digo, y hacia dónde sigo.

Dame la mano, que quiero perderme, contigo.

Por si me ves marchar, encantada de compartir la nada contigo.

sábado, 14 de enero de 2017

Simplemente.

Tengo la necesidad de sentirme gris, rodeada de paredes rojas y techos blancos. Me siento obligada a salir a la terraza y querer tirarme por el balcón de un piso bajo, a modo de susto, para no matarme.
Me gustaría salir a ver la niebla, a desnudarme y notar el frío, a respirar y soltar vaho como si alguien estuviese disfrutando a caladas un cigarro vacío dentro de mí.

Que no se moleste mi cuerpo en decirme que quizás mañana todo cambia, y nada es así, porque hoy voy a darme el lujo de no creerle, que bastante hace sufrir. Y encima me quejo, cuando le digo vamos a dormir y lo intenta; vamos a despertarnos y teclea con sus dedos una de mis canciones favoritas con tal de que me despierte un poco feliz, and imagine there's no heaven, it's easy if you try, no hell below us, above us only sky. Y el cielo quizás no lo veo, pero me muevo para intentar verlo 10 minutos después de 5 minutos más y un poco de para qué levantarme. Hoy no.

Deseo un abrazo en una cama casi de matrimonio, ocupando una esquina cerca de muchas fotos y luces de navidad aunque sea abril. No pretendo que me quieran, ni siquiera que lo intenten; es más verlo como un acto vandálico hacia lo cotidiano; un sueño relativo en una cama a las 4 y media de la mañana. Tampoco pretendo que sea algo verdadero como tal, sólo que caliente y esté dispuesto a escucharme llorar, y que al verlo, el abrazo sea aún más fuerte; porque sinceramente no necesito palabras.

No sé qué pretendo, pero soy conocedora de una lista de acciones y metas que (hoy) no creo cumplir. Pero ahora te digo que quizás pasado mañana sí.
Simplemente, no te preocupes por mí.

viernes, 6 de enero de 2017

Día de Reyes.

Ojalá esta noche vengan los reyes, pero los de verdad, los no materialistas.
Los que realmente no existen, pero de vez en cuando creo en ellos. Digamos que cada persona tendrá unos reyes magos distintos, cada uno con una voz y una cara diferente, con un sexo definido o a saber pero no debe importarte; quizás no son tres, porque son dos o quién sabe.
Estos reyes son la clara combinación entre lo bueno, lo malo y la neutralidad, y estos últimos pueden cambiar su ser a una u otra cosa dependiendo del momento de su vida.

Los reyes viven en nosotros, somos nosotros mismos; ya sea cuando nos damos el capricho de madrugar para ver un amanecer, cuando aquel día decidimos andar, e incluso cuando nos planteamos qué y cómo vivir.
Los reyes magos traen regalos, supuestamente, y los regalos pueden ser buenos y malos, pero los calificaremos simplemente como distintos.
Un día conoces al rey felicidad de tu vecino, otro le presentas tu rey tristeza a un desconocido, otro te tiras al vacío sin tu rey, sin ser nada, y al momento otro rey despierta dentro de ti y te convierte el suelo en agua, y te ablanda un poco el golpe, pero la hostia te la vas a dar, que te la mereces, si no te pondría un colchón.

Llama a tus reyes como quieras, aunque no tengas su número y no puedas llamarlos cuando te apetezca porque se autoinvitan a tomar algo en el bar de los recuerdos y la música rara al que sueles ir.
Y no te avisan, de que a veces dan miedo; que unas veces son lobos y otras corderos, y otras veces, simplemente quieren comerte, pero huyes, en el sentido literal y metafórico, y corres volando, y vuelas de pie.

Ojalá un día te presente a mis reyes, y tú a los tuyos, y no estén debajo del árbol.



Siento esta entrada, simplemente ha sido un día malo y bueno a la vez digno de recordar y olvidar, pero como siempre, sin poder.

martes, 3 de enero de 2017

Cáncer y voleadores.

No hacen falta días cercanos a los reyes magos para ver enfermedades, ni niños enfermos...
Esta vez me voy a centrar en los niños, y explicaré porqué. Necesitaba sacar esta parte de mis pensamientos fuera de mí.

''Cada año se diagnostican cerca de 1.400 nuevos casos de niños con cáncer en España de 0 a 18 años. A pesar de ser una enfermedad rara, el cáncer infantil es la primera causa de muerte por enfermedad hasta los 14 años. El tipo de cáncer más frecuente en los niños es la Leucemia (25%), seguido de los tumores del Sistema Nervioso Central (19,6%) y los linfomas (13,6%), según el Registro Nacional de Tumores Infantiles.''

Me entristece ver todos los días noticias de este tipo en el telediario; ver cómo niños nacen luchando para vivir. Guerreros que no paran de sonreír aunque estén muriendo por dentro; que sacan fuerzas hasta sin poder apretar los dientes, y hacen un sprint constante, ocultando las muestras de cansancio con el único fin de seguir corriendo y correr más carreras.

Ese porcentaje de niños, adolescentes, jóvenes... (adultos, personas mayores; personas con diferentes patologías diferentes del cáncer) son nuestro futuro. Un futuro que desgraciadamente ante de tener zapatillas ya tiene que andar descalzo por cenizas de incendios de una isla desierta, hasta que alguien llega y le tiende la mano. Y en ese alguien hablamos de familias, de amigos, de personal médico en general, y de personas ajenas al caso que sólo buscan servir de ayuda.
Ojalá en unos años, nuestro futuro no tenga que pasar por estas piedras y pueda tener la libertad de un niño para hacer todo lo que quiera, pero nunca estar enfermo de esa manera tan temporal, tan sorpresa al fin y al cabo, porque aparece y hoy le ha tocado a él, pero mañana me puede tocar a mí.

Me llenan de alegría los niños enfermos; explico esto: un día, volviendo de correr, por la zona del hospital me crucé a una niña con un pañuelo en la cabeza, muy pálida, y lo primero que pensamos al ver a estos niños es un 'está enfermo', y están llenos de ternura, me entran ganas de abrazarlos y de decirles lo valientes que son, y no o hago por si les asusto, pues no me conocen, ni yo a ellos.

Estoy realizando unos estudios relacionados con la rama de sanidad, y me alegra haber escogido este camino, ya no sólo viendo a estos niños, sino a enfermos en general, a personas que necesitan ayuda y alguien que les diga 'todo va a ir bien', 'todo va a pasar', y en un futuro cercano yo quiero ser esa persona.

Hace también un tiempo, encontré en Instagram a una chica, léi el pie de página, y me llamó tanto la atención, que me metí en su cuenta; era una chica con cáncer, de mi edad, y preciosa. Y pensé en la vida que le queda por delante, y la que nos queda a las personas e general, y cómo la malgastamos de malas maneras... Hay que vivir, no intentar esquivar cosas que no puedan ser saltadas, y sonreír, por ti y por el que te ve.

Quizás me puedan decir, ¿dónde está la lógica de esta entrada?, y quizás no la tenga, pero necesitaba escribirla e intentar decirle a algunas personas que son unos luchadores, y que es increible cómo se convierten en personas maravillosas. Persona que esté leyendo esto, nunca te canses de luchar, ni de vivir.

Un abrazo enorme a todas las personas que le permiten a su sangre luchar un día más dentro de su cuerpo. Y a Albert Espinosa, como mi escritor favorito, por animarme sin estar enferma a través de sus libros, y por servir de ejemplo a personas que sí necesitan manos cerca.
Ah, y por favor, hospitales, a ver si diseñáis mejor las paredes de vuestras habitaciones y hacéis ventanas más grandes, porque son espantosas.