domingo, 7 de mayo de 2017

The calcium's freedom.

Llega un punto en el que te das cuenta de que la vida no anda, ni avanza, ni cambia, sólo sigue...
Y es en ese punto en el que tienes que seguir tú, pero se te pasan tantas ideas por la cabeza con tal de estancarte, dejar de pensar; mente, dame 5 minutos más para pensar en cómo salir de aquí.

Piensas en pájaros, y ves libertad donde ellos ven su día a día, pero jamás son libres; y jugamos a imitarlos y nos convertimos en cuervos negros, popularmente conocidos como mensajeros de malas noticias, y aun siendo ya un pájaro, volamos detrás de la libertad, y siempre acabamos chocándonos con esa ventana del séptimo piso que da vértigo limpiar... Y después qué, ¿me caigo o me quedo apoyado?
La opción de pedir ayuda a los ocupantes de la vivienda nunca es la opción, pero en un mundo paralelo, los pájaros alquila casas y trabajan en la personería de Mercadona; y aun así siempre seguiremos queriendo ser pájaros.



* No sé qué ha pasado, he pegado un frenazo y a la vez he acelerado hacia otra dirección.
Siento que esta entrada no se entienda, simplemente últimamente escribir y yo no somos tan compañeros de noche como antes porque mis cuadernos están mirando pájaros mientras yo tengo la cabeza agachada en dirección al suelo.
No sé qué me pasa, pero confío en que se me pasará.
Gracias por leerme.

martes, 11 de abril de 2017

El día que no pueda más.

No sé cómo decirte que había echado tanto de menos tener ilusión, que mi cabeza se ha echo un cuento y las perdices se lo han comido.
Tengo una mente, con partes tan blancas y borradas, que le das un simple lápiz y te pintan cien colores.
Otras veces tengo estuches amontonados llenos de lapiceros y solamente consigo pintar en blanco.

Y tú, llegas, de color magenta, a mi vida, escribes el título de mi disco favorito, haces la maleta y te tiras por la ventana, y dime, qué hago yo con mi vida de ilusa.
Qué hago con mis ilusiones, y qué hago haciendo como que te culpo de ser la nube que tapa el sol, si en verdad me diste el rayo de luz que me faltaba para que mi organismo tuviese vitamina D.

No sé si pretendo escribir en blanco y negro, en pintar tres arco-iris o tragarme a mí misma sin escupirme.

Me gustaría ver con tus ojos tres segundos de mi tiempo, del lento, y ver si me ves como una orquídea o como una abeja que a veces produce miel.

No quiero más llantos sobre lluvias de estrellas, ni bailes de nubes blancas en días grises; ni mucho menos que me despierte el sol entrando por las rendijas de la ventana si existes tú.

Con lo fácil que es entender una canción de Extremoduro, y lo difícil que es explicártela a ti, pero es que 'se te nota en la voz, por dentro eres de colores', y quiero ver contigo el naranja del anochecer, y sentarme en nuevos lugares para descubrir, incluso quiero aprender (de ti).

No sé qué hago hablándole hoy a la luna, que por cierto, está tan preciosa como llena, sobre ti; que fuiste una estrella fugaz y a saber dónde te hayas caído.

(Sí, me he emocionado al hablar 1 hora con una persona con la que no volveré a hablar en la vida, y necesitaba soltar algo distinto y salir del pozo, aunque en un rato vuelva a tirarme a él.)

domingo, 19 de marzo de 2017

Sometimes in the middle of nowhere.

Hola, siento que esta entrada no procede, pero necesito soltarlo, por aquí, ya que en mi cuaderno físico no es suficiente.
Esto es algo muy personal para mí, pero no por ello quiero que intentéis animarme como tal, ya que soy una persona que tiene el poder de automotivarse sin necesidad de manos ajenas, pero me tengo que encender la luz, y a veces se me funde la bombilla un sábado a las 13:45 de la tarde y la única tienda dentro de mí misma donde venden bombillas, no abren como mínimo hasta el lunes... eso sin tener en cuenta que cierren por vacaciones o por reformas; iré al lío.

Hace tiempo, me sentía horrible con mi cuerpo, y conmigo misma. Tenía una concepción de las personas (dicha concepción ha cambiado al 94%), y esa concepción me hacía daño.
Antes de nada voy a explicar cómo me veía y cómo me sentía. Nunca he sido una chica delgada, ni rellenita, y aunque sea alta, no lo soy en exceso, y pensaba que físicamente nunca le iba a poder llamar la atención a nadie, ni le iba a poder gustar... En definitiva, que no me iba a querer si en lo primero en lo que se tuviese que fijar fuese el físico. En ese momento, llegó alguien que me iluminó, y aunque yo siguiese con el mismo pensamiento, llegó un punto en el comprendí que esa persona me aceptaba tal cual yo era, y aunque me diese cuenta muy tarde, el simple hecho de darme cuenta me hizo cambiar de opinión y pensamientos.
Pasé de ser la chica que se escondía si iba en leggins, la que metía la tripa al cruzarse con alguna persona, la que usaba maquillaje para taparse las cicatrices del acné, la que usaba pantalones cortos (pero tenían que ser anchos), la que no usaba ropa ajustada ni escotes, la que no se ponía cuñas... comparada con la chica a la que conocí después de un tiempo, esa era una antigua compañera de viaje que ahora desconocía. Aprendí a volar, sabiendo que me caería, y me levantaba riendo con tal de seguir.

De hecho creo que el verano 2016 fue el mejor de mi mente, y a la vez fue el peor; ponía dos ladrillos, y se partía uno, y así... pero al final hicimos una caseta muy interesante. Y me quería, y creo que no he sentido nunca nada mejor, porque cuando lo tienes dices que puedes con todo, te lo crees y vas a por ello.

Pues bien, llevo unas semanas en las que estoy retrocediendo... hay ladrillos que no se mueven porque están tan unidos a otros formando una de las paredes, que si se moviesen se caería la caseta entera (y espero que eso no pase nunca), también hay ladrillos en constante movimiento, porque ya se sabe que los terremotos pueden dejar secuelas en forma de grietas, pero se pueden solucionar; sin embargo, hay ladrillos en medio de la pared, que se han partido, y que se están cayendo a trozos, y esos son los que me preocupan, porque me impiden moverme a otras paredes, siempre tengo que estar pendiente de ellos, y no quiero. Y en ocasiones no me sale ser albañil de mis propios cimientos, y me vengo tan abajo que me entierro.


No sé si esta entrada es para automotivarme, para desahogarme, o para decirme que si he dormido en un pueblo frío, oscuro y sin habitantes, también dormiré (algún día) en una playa, caliente y llena de vida.
No es una entrada triste, no estoy mal; simplemente necesito empujarme.

domingo, 19 de febrero de 2017

Carta a un desconocido.

Querido desconocido:

Me dirigiré a ti como una anónima, como si estuviese escondida detrás de un árbol, llena de una sustancia neutral en mi cuerpo entre miedo y vergüenza, que me ha chupado toda la sangre.

Te veo todos los días que vengo a este bosque a leer cantos de pájaro y a mirar cómo se mueven las nubes, pero en especial, últimamente, vengo a estudiarte.

Utilizo la observación como la respiración, y mi fuente vital son movimientos, como los tuyos.
Miro el ritmo de tu pestañeo, cómo se acelera cuando tu mente cambia de conversación e imagen; cómo andas, cómo lees y como escribes. Incluso las manías que tenemos en común y tú no sabes, ni nunca lo sabrás, porque el día que intentes interponerte en mis estudios, saldré corriendo, silbando a cualquier pájaro con tal de que me indique un camino. No me mires, lo siento, soy así.

Qué hago hablándote, si voy a quemar esta carta con el primer fuego que me encuentre.                     Pero... quiero escucharte leerla; ojalá graparme aquí.

Tranquilo, que jamás me voy a obsesionar contigo, ni te voy a cortar las alas, ni mucho menos voy a hacer que cambies de abrigo.

Tampoco te quiero, pero confieso que no sé lo que me pasa contigo, si no tenemos posibilidades...     Y deseo todas las noches que me abraces, sin ilusiones; lo deseo, lo pienso, me duermo, y punto.

Qué haces en mí, si hasta hace dos meses juraba no haber visto tu sombra en mi vida.                           Por qué tu simple presencia me calma, si ni siquiera abres la boca.

Qué me pasa, qué me digo, y hacia dónde sigo.

Dame la mano, que quiero perderme, contigo.

Por si me ves marchar, encantada de compartir la nada contigo.

sábado, 14 de enero de 2017

Simplemente.

Tengo la necesidad de sentirme gris, rodeada de paredes rojas y techos blancos. Me siento obligada a salir a la terraza y querer tirarme por el balcón de un piso bajo, a modo de susto, para no matarme.
Me gustaría salir a ver la niebla, a desnudarme y notar el frío, a respirar y soltar vaho como si alguien estuviese disfrutando a caladas un cigarro vacío dentro de mí.

Que no se moleste mi cuerpo en decirme que quizás mañana todo cambia, y nada es así, porque hoy voy a darme el lujo de no creerle, que bastante hace sufrir. Y encima me quejo, cuando le digo vamos a dormir y lo intenta; vamos a despertarnos y teclea con sus dedos una de mis canciones favoritas con tal de que me despierte un poco feliz, and imagine there's no heaven, it's easy if you try, no hell below us, above us only sky. Y el cielo quizás no lo veo, pero me muevo para intentar verlo 10 minutos después de 5 minutos más y un poco de para qué levantarme. Hoy no.

Deseo un abrazo en una cama casi de matrimonio, ocupando una esquina cerca de muchas fotos y luces de navidad aunque sea abril. No pretendo que me quieran, ni siquiera que lo intenten; es más verlo como un acto vandálico hacia lo cotidiano; un sueño relativo en una cama a las 4 y media de la mañana. Tampoco pretendo que sea algo verdadero como tal, sólo que caliente y esté dispuesto a escucharme llorar, y que al verlo, el abrazo sea aún más fuerte; porque sinceramente no necesito palabras.

No sé qué pretendo, pero soy conocedora de una lista de acciones y metas que (hoy) no creo cumplir. Pero ahora te digo que quizás pasado mañana sí.
Simplemente, no te preocupes por mí.

viernes, 6 de enero de 2017

Día de Reyes.

Ojalá esta noche vengan los reyes, pero los de verdad, los no materialistas.
Los que realmente no existen, pero de vez en cuando creo en ellos. Digamos que cada persona tendrá unos reyes magos distintos, cada uno con una voz y una cara diferente, con un sexo definido o a saber pero no debe importarte; quizás no son tres, porque son dos o quién sabe.
Estos reyes son la clara combinación entre lo bueno, lo malo y la neutralidad, y estos últimos pueden cambiar su ser a una u otra cosa dependiendo del momento de su vida.

Los reyes viven en nosotros, somos nosotros mismos; ya sea cuando nos damos el capricho de madrugar para ver un amanecer, cuando aquel día decidimos andar, e incluso cuando nos planteamos qué y cómo vivir.
Los reyes magos traen regalos, supuestamente, y los regalos pueden ser buenos y malos, pero los calificaremos simplemente como distintos.
Un día conoces al rey felicidad de tu vecino, otro le presentas tu rey tristeza a un desconocido, otro te tiras al vacío sin tu rey, sin ser nada, y al momento otro rey despierta dentro de ti y te convierte el suelo en agua, y te ablanda un poco el golpe, pero la hostia te la vas a dar, que te la mereces, si no te pondría un colchón.

Llama a tus reyes como quieras, aunque no tengas su número y no puedas llamarlos cuando te apetezca porque se autoinvitan a tomar algo en el bar de los recuerdos y la música rara al que sueles ir.
Y no te avisan, de que a veces dan miedo; que unas veces son lobos y otras corderos, y otras veces, simplemente quieren comerte, pero huyes, en el sentido literal y metafórico, y corres volando, y vuelas de pie.

Ojalá un día te presente a mis reyes, y tú a los tuyos, y no estén debajo del árbol.



Siento esta entrada, simplemente ha sido un día malo y bueno a la vez digno de recordar y olvidar, pero como siempre, sin poder.

martes, 3 de enero de 2017

Cáncer y voleadores.

No hacen falta días cercanos a los reyes magos para ver enfermedades, ni niños enfermos...
Esta vez me voy a centrar en los niños, y explicaré porqué. Necesitaba sacar esta parte de mis pensamientos fuera de mí.

''Cada año se diagnostican cerca de 1.400 nuevos casos de niños con cáncer en España de 0 a 18 años. A pesar de ser una enfermedad rara, el cáncer infantil es la primera causa de muerte por enfermedad hasta los 14 años. El tipo de cáncer más frecuente en los niños es la Leucemia (25%), seguido de los tumores del Sistema Nervioso Central (19,6%) y los linfomas (13,6%), según el Registro Nacional de Tumores Infantiles.''

Me entristece ver todos los días noticias de este tipo en el telediario; ver cómo niños nacen luchando para vivir. Guerreros que no paran de sonreír aunque estén muriendo por dentro; que sacan fuerzas hasta sin poder apretar los dientes, y hacen un sprint constante, ocultando las muestras de cansancio con el único fin de seguir corriendo y correr más carreras.

Ese porcentaje de niños, adolescentes, jóvenes... (adultos, personas mayores; personas con diferentes patologías diferentes del cáncer) son nuestro futuro. Un futuro que desgraciadamente ante de tener zapatillas ya tiene que andar descalzo por cenizas de incendios de una isla desierta, hasta que alguien llega y le tiende la mano. Y en ese alguien hablamos de familias, de amigos, de personal médico en general, y de personas ajenas al caso que sólo buscan servir de ayuda.
Ojalá en unos años, nuestro futuro no tenga que pasar por estas piedras y pueda tener la libertad de un niño para hacer todo lo que quiera, pero nunca estar enfermo de esa manera tan temporal, tan sorpresa al fin y al cabo, porque aparece y hoy le ha tocado a él, pero mañana me puede tocar a mí.

Me llenan de alegría los niños enfermos; explico esto: un día, volviendo de correr, por la zona del hospital me crucé a una niña con un pañuelo en la cabeza, muy pálida, y lo primero que pensamos al ver a estos niños es un 'está enfermo', y están llenos de ternura, me entran ganas de abrazarlos y de decirles lo valientes que son, y no o hago por si les asusto, pues no me conocen, ni yo a ellos.

Estoy realizando unos estudios relacionados con la rama de sanidad, y me alegra haber escogido este camino, ya no sólo viendo a estos niños, sino a enfermos en general, a personas que necesitan ayuda y alguien que les diga 'todo va a ir bien', 'todo va a pasar', y en un futuro cercano yo quiero ser esa persona.

Hace también un tiempo, encontré en Instagram a una chica, léi el pie de página, y me llamó tanto la atención, que me metí en su cuenta; era una chica con cáncer, de mi edad, y preciosa. Y pensé en la vida que le queda por delante, y la que nos queda a las personas e general, y cómo la malgastamos de malas maneras... Hay que vivir, no intentar esquivar cosas que no puedan ser saltadas, y sonreír, por ti y por el que te ve.

Quizás me puedan decir, ¿dónde está la lógica de esta entrada?, y quizás no la tenga, pero necesitaba escribirla e intentar decirle a algunas personas que son unos luchadores, y que es increible cómo se convierten en personas maravillosas. Persona que esté leyendo esto, nunca te canses de luchar, ni de vivir.

Un abrazo enorme a todas las personas que le permiten a su sangre luchar un día más dentro de su cuerpo. Y a Albert Espinosa, como mi escritor favorito, por animarme sin estar enferma a través de sus libros, y por servir de ejemplo a personas que sí necesitan manos cerca.
Ah, y por favor, hospitales, a ver si diseñáis mejor las paredes de vuestras habitaciones y hacéis ventanas más grandes, porque son espantosas.