miércoles, 11 de octubre de 2017

Tightrope.

Quizás este 11 de octubre no sea un día apropiado para hablar de fantasías ficticias basadas en realidades; son las 2 de la tarde, no he comido, y tengo hambre de palabras.

Cuando todo esto se acabe lo escribiré en un papel y no lo quemaré, porque aunque cuando llegue ese momento esté viviendo de alquiler en una cueva dentro de mi cama, en el presente me hace bailar. Déjame bailar 3 días seguidos, aunque cada día dure 5 segundos, porque cuando pierda el equilibrio podré pensar en el vuelo de mi falda al dar giros y en mi risa, y de eso no me arrepentiré nunca.

Porque hay momentos en la vida en los que el planeta más importante del Sistema Solar es Júpiter, aunque vivamos en la Tierra; y aunque el sol se apagase y la luna dejase de intentar marearse dando vueltas, la importancia de Júpiter nunca se la podremos dar a Saturno.

Porque un día te descubres a ti mismo, y te comparas con tu persona interior de cuando tenías 13 años, y te das cuenta de que lo importante no es el color de los ojos, sino la mirada y cómo mirar; y no, no estoy enamorada, pero a veces te cruzas con descargas eléctricas de corriente continua que te hacen despertar, y volver, aunque sea de manera distinta, al sofá en el que no te duele la espalda ni se te quedan colgando los pies.

No creo seguir bailando tan enérgicamente por mucho tiempo (aunque no estaría nada mal), pero espero seguir bailando sola y lento, pase lo que pase, por mucho tiempo.


La estrella se ha apagado, yo no me he estrellado; el mundo sigue girando, y yo...

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Hoy.

Hoy, 27 de septiembre, un día cualquiera, de un año que no veo necesario mencionar he vuelto a ponerme mis vaqueros favoritos, apretados con un cinturón a la cintura, y me he vuelto a sentir yo.
Yo, el ser que tanto he echado de menos; y aunque sé que seguramente, sólo me haya hecho una visita momentánea, me ha hecho sentir bien, me ha recargado las pilas, o quizás me ha cambiado unas cuantas de las que tenía gastadas, aunque tenga otras que estén a punto de hacerlo, con la energía de las nuevas, tendré para no quejarme un tiempo, o eso espero.

Quizás el día de hoy sólo debería ser recordado en mi libreta negra (sí, la que está en el tercer cajón de mi mesita de noche), pero siento que necesito que mi entorno me vea cantar palabras alegres un rato.

Me he despertado, lo suficiente tarde como para saber que ya había salido el sol, y lo suficiente pronto como para ponerse una chaqueta y sentir el frío en estos días calurosos de otoño. He desayunado, café, más negro que una noche de estrellas, pero con espuma, y sin azúcar, como siempre. He salido a ver el mundo, he dejado parte de mí para alguien que pueda necesitarla por medio de una donación de sangre. Me he ido a casa, y he comido verduras, con pimienta, con mucha pimienta. Hoy no he hecho deporte, por evitar hacer fuerza con el brazo que ha permitido que mi sangre le dijese hola al exterior. He hecho el vago, he ido a andar, me he duchado; y ahora estoy aquí, contándole al oxígeno un día de mi vida.

Sé que va a durar poco lo de estar con este buen rollo interior, pero no puedo permitir que se vaya corriendo y solo hacia otro destino. Hoy quiero luchar, por ser, por querer, y por gritar cuando lo necesite; pero sobre todo, hoy quiero luchar por mí, y espero hacerlo.


Si has llegado hasta aquí, pequeño duende lector, saltamontes o ser nocturno sin sueño, que sepas que te lo agradezco, porque abrir las alas sienta mejor cuando ves que hay más pájaros, y de muchos colores distintos, presenciando tu aventura.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Muse of the mirror.

Musa, de la mitología griega a tu cama; de que la pinten, a pintarse; de cubrirse, a desnudarse; de tumbarse, a salir corriendo; de odiarse, a acariciarse en el espejo.

Musa, que trabaja por y para ella misma, que lucha para lograr sus objetivos, que se pinta con un eyeliner el poder en la mente y en las manos.

Musa, que ama sus curvas, sus cicatrices, e incluso los complejos del siglo pasado, que es bonita sin querer, y queriendo, demasiado.

Musa, que se hace autorretratos de palabras, que se tatúa con aire en la piel la fuerza, que no necesita pilas, que se da cuerda por la llave de su espalda.

Musa, que baila de lujo después de un par de cubatas, que ríe, llora, pero nunca se cansa.

Musa, solitaria, que no necesita cuerpos para ser ella, porque sola es mejor, que se quiere a ella misma, por encima de todo y todos; que ya no la pisan, porque está muy alto.

Musa, que debería serlo los 365 días del año, y que ojalá viva con(tigo-migo) de diario, o por lo menos de vez en cuando.


* Que nadie te quite tu valor propio, que seas libre e independiente, y que te quieras a muerte y siempre.

* Qué razón tenía breis. cuando hablaba de musas propias...
Gracias por hacerme ver de lejos que el amor propio existe, porque nunca antes había sentido algo tan bueno y sano dentro de mí.

viernes, 11 de agosto de 2017

Within the barking of the lost dog.

En honor al invierno, aquí estamos, infusión en mano, e intentando escribir ovillos de lana mentales.

No quiero que mis manos sean un juego, ni un pasatiempo; no quiero que sean usadas sin motivo, ni que les busquen cosquillas muertas. No pretendo que me acaricien a modo de lástima y consuelo, ni que me abracen para calentarse, porque soy puro hielo.
No quiero ser un libro para calmar el aburrimiento, ni un puzzle infantil que haces una tarde de domingo después de una comida familiar.
No quiero ser la peor película del mundo, la estrella con menos luz o la vela que no prende fuego.
No quiero que nadie se pierda por mi culpa, porque como me sigan van al pozo de cabeza.
No quiero que me escuchen a modo de caracola de playa, porque no soy tan interesante, ni ha pasado tanta arena, agua y sal sobre mí.
No quiero que me encuentren sola en la oscuridad, porque es mi secreto, ni que me encuentren escondida entre arbustos porque tengo miedo.
No quiero mostrar mis debilidades, inseguridades y complejos, porque a mi fachada de fuerte se le hundirían los cimientos en un momento.

Sigo siendo el perro abandonado al que puedes contarle tu vida, porque ten por seguro que te voy a escuchar, pero no me tengas miedo, porque aunque ladro y aúllo...
nunca,
muerdo.

viernes, 4 de agosto de 2017

Breaking fight and wings.

Hoy, te despiertas y todo ha cambiado, aunque simplemente hayan quitado un tornillo dentro de tu mecanismo; quizás no le iba bien al resto de piezas.
Hoy, vuelvo a pensar lo mismo que llevo pensando desde los últimos 3 años; otra vez más, ya me parece hasta lo normal.
Hoy, vuelvo a darme cuenta de que tengo miedo de que alguien descubra mis temores y se vaya, porque antes de que se vaya, yo ya estaba corriendo, desde que se produjo la primera palabra en la conversación, porque huir es lo mío.
Hoy, vuelvo a ser una cobarde y a cederle la valentía a otro que no sea yo, porque no me gusta la burbuja en la que vivo, pero es mi burbuja; me conozco el color de sus paredes aunque las pinte, qué pata de la mesa cojea y qué cuadro esconde en su parte trasera una araña.
Hoy, vuelvo a dejar de seguir el camino de ser yo, pero no me he perdido, me he desviado aposta porque yo no me veo llegando a la meta nunca.
Hoy, vuelvo a perder un folio de colores que se ha llevado el aire que yo misma he soplado.
Hoy, vuelvo a caer, porque me tropiezo siempre conmigo como piedra.

sábado, 22 de julio de 2017

Moonlight shadow.

Me pregunto si la luna escuchará las canciones tristes de la lista de música de Sad Songs a las 4 de la mañana, si creerá que alguna vez se van a cumplir los deseos que pide al ver caer una estrella fugaz, si le da vueltas al hecho de la posibilidad de encontrar algún día un satélite a su medida, o si quiere encontrar un reflejo distinto al mirarse en el agua.

Me gustaría saber si se siente mujer o niña cuando se da la libertad de decirle a un árbol del campo 'a que no me pillas', mientras corre descalza, riendo y sin temores a pincharse un pie con un arbusto, si considera a las rosas como seres compañeros con mensajes subliminales u objetos que acabarán secos en un jarrón de cristal; si se tumba en el césped mientras sueña con jugar a las cartas y al amor y acaba mojada y llena de tierra.

También me planteo si usará vestidos para disimular sus muslos, o se apretará la cintura con un cinturón para sentirse saturno, pero al contrario; si sentirá que da luz o si sentirá la causante de la absoluta oscuridad.

A veces quiero ser esta luna, otras simplemente confirmo lo que soy.

jueves, 13 de julio de 2017

La vida de un náufrago.

Cuando te despiertes, será un nuevo día; pero hoy, disfruta de este.

La vida te da palos, para hacerte daño y para que aprendas a defenderte de ti mismo.

Y cuando te golpea y sientes el suelo al impactar contra el lado izquierdo de tu cara, es el momento de abrazarte, sufrir sin pensar hasta caer rendido en los brazos del vacío y la soledad; pero viene la tristeza, tan inoportuna como siempre, a abrir la ventana y a apartar las cortinas de la luz externa, de tal modo que sientes un fogonazo, sin encender el fuego ni abrir el gas, y no eres consciente de si eres la sartén o el aceite, pero te despiertas, y te das cuenta de que lo que tienes en las manos son restos de maqueta de un ser humano.

Y te aferras a la vida, aunque sientas que hasta el más pequeño de los huesos de tu cuerpo está partido en dos; respiras, sin notar los pulmones, y aunque cueste la vida, de manera literal y sin necesidad de maneras, inhalas el aire sucio que te rodea, como si fuese el último tren que va a pasar por una estación perdida en medio de la nada, antes de que una bomba la haga estallar.

Y ahí estás, definiendo los impulsos, los buenos días después de una noche de pesadillas, y los resbalones del agua que vertiste el otro día cuando ibas a beber.


Esta entrada pretende ser más positiva que las anteriores, porque al escribirla estaba contenta y tenía ganas de bailar, y tenía que expresarlo haciendo mirar a las palabras con los puntos y comas y una canción de Pereza de fondo.