jueves, 13 de julio de 2017

La vida de un náufrago.

Cuando te despiertes, será un nuevo día; pero hoy, disfruta de este.

La vida te da palos, para hacerte daño y para que aprendas a defenderte de ti mismo.

Y cuando te golpea y sientes el suelo al impactar contra el lado izquierdo de tu cara, es el momento de abrazarte  sufrir sin pensar hasta caer rendido en los brazos del vacío y la soledad; pero viene la tristeza, tan inoportuna como siempre, a abrir la ventana y a apartar las cortinas de la luz externa, de tal modo que sientes un fogonazo, sin encender el fuego ni abrir el gas, y no eres consciente de si eres la sartén o el aceite, pero te despiertas, y te das cuenta de que lo que tenes en las manos son restos de maqueta de un ser humano.

Y te aferras a la vida, aunque sientas que hasta el más pequeño de los huesos de tu cuerpo está partido en dos; respiras, sin notar los pulmones, y aunque cueste la vida, de manera literal y sin necesidad de maneras, inhalas el aire sucio que te rodea, como si fuese el último tren que a pasar por una estación perdida en medio de la nada, antes de que una bomba la haga estallar.

Y ahí estás, definiendo los impulsos, los buenos días después de una noche de pesadillas, y los resbalones del agua que vertiste el otro día cuando ibas a beber.


Esta entrada pretende ser más positiva que las anteriores, porque al escribirla estaba contenta y tenía ganas de bailar, y tenía que expresarlo haciendo mirar a las palabras con los puntos y comas y una canción de Pereza de fondo.

sábado, 8 de julio de 2017

Como el cuarto álbum de Amaral.

Llega un punto en la vida en el que te da miedo volar, y no precisamente por darte golpes, sino por evitarlos, y ahí es donde descubres que eso no es vivir, y que por o tanto igualmente estás perdiendo la partida de cartas donde el premio gordo es un poquito de suerte.

Te estancas, y mientras te quedas en el pie de un arbusto, esperando a que los aspersores te despierten a las 7:30 de la mañana, han pasado 3 días; 3 niños te persiguen a la salida del colegio, y ya van 5 días; empieza a llover, 7 días, una semana, media monotonía.

Te quedas petrificado en el mismo sitio, helado por tus propios miedos en pleno julio; con la mirada perdida en busca de que alguien llegue, te moleste, te diga que estés embobado y se vaya por el mismo camino.

Quieres estar solo, y a la vez, quieres que vengan grupos reducidos de pájaros con películas bajo las alas para pasar la tarde abrazándote; y sigues soñando, sigues viviendo en tu mundo personal paralelo y ajeno al del resto, porque no quieres ser igual a ellos, pero tampoco ser menos, y lo único que consigues es ser invisible.

Y duele, mirarse al espejo y que lo que menos te espante sea el desorden de tu pelo; sentarse sin sentir y comerse la cabeza en lugar de un plato de lentejas, porque las legumbres no son para mí, pero la autotortura me alimenta que da gusto.

Y sí, claro que quiero despertar de mi ensimismamiento, pero no, no es tan fácil; no puedo.


Siento volver a Blogger después de unos meses para escribir marrón (ya no es negro), pero necesitaba volver a contar con la combinación de los pájaros, mi mente y las palabras.

domingo, 7 de mayo de 2017

The calcium's freedom.

Llega un punto en el que te das cuenta de que la vida no anda, ni avanza, ni cambia, sólo sigue...
Y es en ese punto en el que tienes que seguir tú, pero se te pasan tantas ideas por la cabeza con tal de estancarte, dejar de pensar; mente, dame 5 minutos más para pensar en cómo salir de aquí.

Piensas en pájaros, y ves libertad donde ellos ven su día a día, pero jamás son libres; y jugamos a imitarlos y nos convertimos en cuervos negros, popularmente conocidos como mensajeros de malas noticias, y aun siendo ya un pájaro, volamos detrás de la libertad, y siempre acabamos chocándonos con esa ventana del séptimo piso que da vértigo limpiar... Y después qué, ¿me caigo o me quedo apoyado?
La opción de pedir ayuda a los ocupantes de la vivienda nunca es la opción, pero en un mundo paralelo, los pájaros alquila casas y trabajan en la personería de Mercadona; y aun así siempre seguiremos queriendo ser pájaros.



* No sé qué ha pasado, he pegado un frenazo y a la vez he acelerado hacia otra dirección.
Siento que esta entrada no se entienda, simplemente últimamente escribir y yo no somos tan compañeros de noche como antes porque mis cuadernos están mirando pájaros mientras yo tengo la cabeza agachada en dirección al suelo.
No sé qué me pasa, pero confío en que se me pasará.
Gracias por leerme.

martes, 11 de abril de 2017

El día que no pueda más.

No sé cómo decirte que había echado tanto de menos tener ilusión, que mi cabeza se ha echo un cuento y las perdices se lo han comido.
Tengo una mente, con partes tan blancas y borradas, que le das un simple lápiz y te pintan cien colores.
Otras veces tengo estuches amontonados llenos de lapiceros y solamente consigo pintar en blanco.

Y tú, llegas, de color magenta, a mi vida, escribes el título de mi disco favorito, haces la maleta y te tiras por la ventana, y dime, qué hago yo con mi vida de ilusa.
Qué hago con mis ilusiones, y qué hago haciendo como que te culpo de ser la nube que tapa el sol, si en verdad me diste el rayo de luz que me faltaba para que mi organismo tuviese vitamina D.

No sé si pretendo escribir en blanco y negro, en pintar tres arco-iris o tragarme a mí misma sin escupirme.

Me gustaría ver con tus ojos tres segundos de mi tiempo, del lento, y ver si me ves como una orquídea o como una abeja que a veces produce miel.

No quiero más llantos sobre lluvias de estrellas, ni bailes de nubes blancas en días grises; ni mucho menos que me despierte el sol entrando por las rendijas de la ventana si existes tú.

Con lo fácil que es entender una canción de Extremoduro, y lo difícil que es explicártela a ti, pero es que 'se te nota en la voz, por dentro eres de colores', y quiero ver contigo el naranja del anochecer, y sentarme en nuevos lugares para descubrir, incluso quiero aprender (de ti).

No sé qué hago hablándole hoy a la luna, que por cierto, está tan preciosa como llena, sobre ti; que fuiste una estrella fugaz y a saber dónde te hayas caído.

(Sí, me he emocionado al hablar 1 hora con una persona con la que no volveré a hablar en la vida, y necesitaba soltar algo distinto y salir del pozo, aunque en un rato vuelva a tirarme a él.)

domingo, 19 de marzo de 2017

Sometimes in the middle of nowhere.

Hola, siento que esta entrada no procede, pero necesito soltarlo, por aquí, ya que en mi cuaderno físico no es suficiente.
Esto es algo muy personal para mí, pero no por ello quiero que intentéis animarme como tal, ya que soy una persona que tiene el poder de automotivarse sin necesidad de manos ajenas, pero me tengo que encender la luz, y a veces se me funde la bombilla un sábado a las 13:45 de la tarde y la única tienda dentro de mí misma donde venden bombillas, no abren como mínimo hasta el lunes... eso sin tener en cuenta que cierren por vacaciones o por reformas; iré al lío.

Hace tiempo, me sentía horrible con mi cuerpo, y conmigo misma. Tenía una concepción de las personas (dicha concepción ha cambiado al 94%), y esa concepción me hacía daño.
Antes de nada voy a explicar cómo me veía y cómo me sentía. Nunca he sido una chica delgada, ni rellenita, y aunque sea alta, no lo soy en exceso, y pensaba que físicamente nunca le iba a poder llamar la atención a nadie, ni le iba a poder gustar... En definitiva, que no me iba a querer si en lo primero en lo que se tuviese que fijar fuese el físico. En ese momento, llegó alguien que me iluminó, y aunque yo siguiese con el mismo pensamiento, llegó un punto en el comprendí que esa persona me aceptaba tal cual yo era, y aunque me diese cuenta muy tarde, el simple hecho de darme cuenta me hizo cambiar de opinión y pensamientos.
Pasé de ser la chica que se escondía si iba en leggins, la que metía la tripa al cruzarse con alguna persona, la que usaba maquillaje para taparse las cicatrices del acné, la que usaba pantalones cortos (pero tenían que ser anchos), la que no usaba ropa ajustada ni escotes, la que no se ponía cuñas... comparada con la chica a la que conocí después de un tiempo, esa era una antigua compañera de viaje que ahora desconocía. Aprendí a volar, sabiendo que me caería, y me levantaba riendo con tal de seguir.

De hecho creo que el verano 2016 fue el mejor de mi mente, y a la vez fue el peor; ponía dos ladrillos, y se partía uno, y así... pero al final hicimos una caseta muy interesante. Y me quería, y creo que no he sentido nunca nada mejor, porque cuando lo tienes dices que puedes con todo, te lo crees y vas a por ello.

Pues bien, llevo unas semanas en las que estoy retrocediendo... hay ladrillos que no se mueven porque están tan unidos a otros formando una de las paredes, que si se moviesen se caería la caseta entera (y espero que eso no pase nunca), también hay ladrillos en constante movimiento, porque ya se sabe que los terremotos pueden dejar secuelas en forma de grietas, pero se pueden solucionar; sin embargo, hay ladrillos en medio de la pared, que se han partido, y que se están cayendo a trozos, y esos son los que me preocupan, porque me impiden moverme a otras paredes, siempre tengo que estar pendiente de ellos, y no quiero. Y en ocasiones no me sale ser albañil de mis propios cimientos, y me vengo tan abajo que me entierro.


No sé si esta entrada es para automotivarme, para desahogarme, o para decirme que si he dormido en un pueblo frío, oscuro y sin habitantes, también dormiré (algún día) en una playa, caliente y llena de vida.
No es una entrada triste, no estoy mal; simplemente necesito empujarme.

domingo, 19 de febrero de 2017

Carta a un desconocido.

Querido desconocido:

Me dirigiré a ti como una anónima, como si estuviese escondida detrás de un árbol, llena de una sustancia neutral en mi cuerpo entre miedo y vergüenza, que me ha chupado toda la sangre.

Te veo todos los días que vengo a este bosque a leer cantos de pájaro y a mirar cómo se mueven las nubes, pero en especial, últimamente, vengo a estudiarte.

Utilizo la observación como la respiración, y mi fuente vital son movimientos, como los tuyos.
Miro el ritmo de tu pestañeo, cómo se acelera cuando tu mente cambia de conversación e imagen; cómo andas, cómo lees y como escribes. Incluso las manías que tenemos en común y tú no sabes, ni nunca lo sabrás, porque el día que intentes interponerte en mis estudios, saldré corriendo, silbando a cualquier pájaro con tal de que me indique un camino. No me mires, lo siento, soy así.

Qué hago hablándote, si voy a quemar esta carta con el primer fuego que me encuentre.                     Pero... quiero escucharte leerla; ojalá graparme aquí.

Tranquilo, que jamás me voy a obsesionar contigo, ni te voy a cortar las alas, ni mucho menos voy a hacer que cambies de abrigo.

Tampoco te quiero, pero confieso que no sé lo que me pasa contigo, si no tenemos posibilidades...     Y deseo todas las noches que me abraces, sin ilusiones; lo deseo, lo pienso, me duermo, y punto.

Qué haces en mí, si hasta hace dos meses juraba no haber visto tu sombra en mi vida.                           Por qué tu simple presencia me calma, si ni siquiera abres la boca.

Qué me pasa, qué me digo, y hacia dónde sigo.

Dame la mano, que quiero perderme, contigo.

Por si me ves marchar, encantada de compartir la nada contigo.

sábado, 14 de enero de 2017

Simplemente.

Tengo la necesidad de sentirme gris, rodeada de paredes rojas y techos blancos. Me siento obligada a salir a la terraza y querer tirarme por el balcón de un piso bajo, a modo de susto, para no matarme.
Me gustaría salir a ver la niebla, a desnudarme y notar el frío, a respirar y soltar vaho como si alguien estuviese disfrutando a caladas un cigarro vacío dentro de mí.

Que no se moleste mi cuerpo en decirme que quizás mañana todo cambia, y nada es así, porque hoy voy a darme el lujo de no creerle, que bastante hace sufrir. Y encima me quejo, cuando le digo vamos a dormir y lo intenta; vamos a despertarnos y teclea con sus dedos una de mis canciones favoritas con tal de que me despierte un poco feliz, and imagine there's no heaven, it's easy if you try, no hell below us, above us only sky. Y el cielo quizás no lo veo, pero me muevo para intentar verlo 10 minutos después de 5 minutos más y un poco de para qué levantarme. Hoy no.

Deseo un abrazo en una cama casi de matrimonio, ocupando una esquina cerca de muchas fotos y luces de navidad aunque sea abril. No pretendo que me quieran, ni siquiera que lo intenten; es más verlo como un acto vandálico hacia lo cotidiano; un sueño relativo en una cama a las 4 y media de la mañana. Tampoco pretendo que sea algo verdadero como tal, sólo que caliente y esté dispuesto a escucharme llorar, y que al verlo, el abrazo sea aún más fuerte; porque sinceramente no necesito palabras.

No sé qué pretendo, pero soy conocedora de una lista de acciones y metas que (hoy) no creo cumplir. Pero ahora te digo que quizás pasado mañana sí.
Simplemente, no te preocupes por mí.